Por el historiador D. José Javier Gómez Arroyo

       
     
   

En el año 1011 D.C.. el Conde Don Sancho de Castilla 1, hijo del fundador del Infantado de Covarrubias y nieto de Fernán González, junto a su mujer doña Urraca, hacen la donación al Monasterio de San Salvador de Oña, de gran parte del territorio de la provincia de Santander. El convento fue fundado por el Conde en ese mismo año de 1011, y perteneciente a la Orden de San Benito, estaba ocupado por monjas cuya abadesa era doña Frigidia, hija del Conde don Sancho.

La donación dice "Damos y concedemos al Monasterio de San Salvador, que está situado en Oña, en Espinosa aquella nuestra porción íntegra, con las tierras y divisiones que partió Munio Belazquez, que fue nuestro vicario y Merino, con doña Munia dueña, en esta forma: Conforme cae el arroyo Voziello en Trueba, y corre por él hasta la puentecilla, y sale a las Alturas de Castervelas, y a la cumbre de la Era; y sale por la otra parte, según cae el rio de Piedra en Trueba, y de la otra arte hasta aquellos lastreros, y viene después a Cuevas de Runino

En estos, pués, dichos términos decretamos: que aquellos hombres que allí poblaren y habitadores bajo el dominio del Señor Abad o Señora Abadesa de San Salvador de Oña sirviesen a San Salvador, tengan potestad de aprovehar con sus ganados, y todos sus rebaños, las hierbas y pastos, tanto estos cuanto aquellos que fuesen de las decanías de San Salvador de Oña; y vayan todos seguros con sus ganados, vacas, yeguas, cabras y puercos a donde quiera que quisiesen pastar por todos los términos arriba dichos, y por estos que a continuación nombramos.

Desde Espinosa hasta Salduero, y por la otra parte hasta Sámano, y desde aquí al Puerto de Santa Maria (Santoña), y se arrima a Cabarga, y desde aqui sigue al rio Pas a la Mata de Nela y al somo de Lobao, viene después a Mantare, y a Trueba y a Zernejega. Ningunos otros ganados, ni vacas, ni rebaños entren a pastar (en estos segundos términos) 2, sino los de San Salvador; y si fuesen hallados, cobre el Abad de Oña el montático de todas las vacas.

Además de todos los otros términos nombrados, todos cuantos fueren del Señorío de Oña, tengan poder en las selvas, en los valles, y en los montes, en las aguas, para pastar en las hierbas y sestear en la islas 3 y nadie sea osado, así poderoso como débil, para exigir montático a los hombres del Abaz de Oña; ni por sus ganados, ni por sus puercos, ni inquietar en manera alguna al Abaz de Oña; ni en sus vacas, ni en sus cabañas alguien por fuerza exigirlo; quien, por tanto, poco o mucho cobrare, pague el duplo o mejorado por esta regla, y a la parte del Rey de la tierra, mil quinientas libras de oro, y en la ira del Señor Omnipotente y en la de todos los Santos tanto él como quienes lo consintieren incurran plenamente."

En la donación no se menciona que hubiese habitantes en las Montañas de Pas, solo refiere que los vasallos de Oña están autorizados a ocupar esas tierras en calidad de pastores, y los monjes así lo llevaron a cabo durante siglos, ejerciendo también la jurisdicción eclesiastica de esas tierras juntamente con el cabildo de Espinosa y el prelado de Burgos hasta la creación, en 1745, de la Diócesis de Santander. Pero debemos advertir, en cambio, que en esta fecha ya se denominaban a esta tierras con el nombre de "Montes de Pas", incluso dos siglos antes ya se denominaban así, según consta en un documento del año 817 4. Posiblemente, como apunta García-Lomas 5, Pas (lat. Passus:paso) figura como un nombre toponímico fances (de pas: garganta estrecha y dificil de un monte), y ciertamente, si se conoce el terreno, existe un paso o pasadizo entre la Peña del Cuervo y el Pico del Rostro por donde se accede a los prados del sitio denominado como La Vara 6, donde tuvieron lugar los primeros asentamientos de los pobladores de Oña y Espinosa, y donde se crearon unas viviendas de las que, aún hoy en dia, se conservan sus ruinas.

Otro paso lo tenemos más al norte, dentro ya del puerto de Lunada, y es el Portillo de la Hoz, que también es acceso cómodo al lugar de La Vara donde se junto una colectividad de pastores que hubieron de crear una distribución ordenada para el aprovechamento de los pastos. Desde allí fueron posteriormente extendiéndose por todos los valles que forman los Montes de Pas.

Esta forma de poblamiento nos lleva a pensar que los Montes de Pas eran tierras inhóspitas que se fueron poblando de acuerdo a las órdenes dadas desde el naciente Condado de Castilla, cuando Cantabria tenía que ser poblada por "pressura" o por fueros de repoblación, de una manera un tanto complicada porque, como apunta Susana Tax de Freeman 7, los Montes de Pas eran una "tierra de nadie", y esta tierra daba un tributo que luego se redistribuía, daba base económica y un poder eclesiastico o secular. Así comenzó también Espinosa, recibiendo sus ingresos desde Oña.

El paso debió producirse a traves de Colina, Lelsa y luego La Vara, donde se construyeron algunos edificios de caracter administrativo, a modo de Ayuntamiento, donde se regulaba el aprovechamiento de los pastos que se encontraban entre los montes, denominados pandos (bien pudiera derivar de aqui el nombre de Pandillo). De ahí en adelante tiene lugar una lenta ocupación surgirá el "cambio de lumbre" o "muda" que todavía hoy existe. No obstante la concentración de población no empezará hasta bien entrado el sigo XVII, y más concretamente a finales de este, cuando se crean las tres Iglesias de Nuestra Señora de la Vega, San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera, construyendose la mayor parte de las casas a lo largo del siglo XVIII.

En 1369 Espinosa de los Monteros recibe privilegios de pasto concedidos por Enrique III el Doliente y posteriormente seran denominados los Montes de Pas "montañas bravas y desiertas" aunque ya había habitantes en esta fecha. Otros documentos de este siglo nos revelanque loa derechos sobre los Montes de Pas recaen en estos años sobre Espinosa como es el pleito sostenido en 1384 entre esta villa y Valdeporres, donde Espinosa ganó el derecha de poder pastorear en los dichos Montes de Pas sin pagar montazgo, arrealas ni ningún otro tributo, lo que sería confirmado por Enrique III en el año 1392 8.

Lo que hoy conocemos como las villas pasiegas no eran, por esta fechas del siglo XIV.sino impenetrables bosques plagados de osos y jabalíes que sirvieron, segun consta en el Libro de la Montería del Rey Alfonso XI, de cazaderos reales, y suponemos que la población de las montañas iba bajando hacia el valle.

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